Desarrollo de software

La IA está acelerando el desarrollo de software. ¿También tu capacidad para controlarlo?

15, Jun, 2026 | Lectura 3 min.

Una caja negra

La inteligencia artificial está transformando la forma de desarrollar software a una gran velocidad: los equipos producen más, automatizan más tareas y entregan más rápido. Pero mientras la capacidad de producir aumenta, muchas organizaciones siguen sin entender qué está ocurriendo dentro de sus proyectos.

Y eso a pesar de que hoy en día las empresas miden prácticamente todo: ventas, operaciones, costes financieros, campañas de marketing, experiencia de cliente… Raro es que cualquier área crítica del negocio no tenga su propio dashboard, con KPIs en tiempo real e incluso alertas automáticas y predicciones.

Y, sin embargo, el área de Tecnología, de gran impacto económico dentro de muchas compañías, sigue funcionando, en parte, como una caja negra.

Esto no es un acto consciente. La mayoría de las organizaciones cree controlar sus proyectos tecnológicos: creen que conocen la productividad de sus equipos y/o proveedores, que sus estimaciones son razonables, también que la IA está mejorando su productividad en el desarrollo de software.

Pero la realidad es que, incluso con todos esos datos, no tienen visibilidad real.

Actividad no es lo mismo que control

Si la evolución de las tecnologías y metodologías de desarrollo ha ido consiguiendo más velocidad y una mejor colaboración con negocio ¿por qué no ha mejorado la visibilidad real sobre cómo se construye el software dentro de la organización? ¿Por qué no sabemos si estamos siendo eficientes cuando tenemos sprints bien organizados, reuniones de seguimiento constantes y dashboards llenos de métricas? La razón es simple: medir actividad no es lo mismo que tener control.

Muchas métricas ayudan a entender el ritmo de trabajo, pero no necesariamente el valor funcional entregado, el coste real del desarrollo o la productividad comparada entre equipos. Y cuanto más complejo se vuelve el ecosistema tecnológico, más fácil resulta perder ese contexto.

¿Está la IA amplificando el problema?

Es cierto que este problema ya existía antes de la IA, pero su adopción lo amplifica. Porque esta tecnología está avanzando más rápido de lo que las organizaciones están aprendiendo a gobernar su impacto.

Y eso que la percepción inicial puede parecer clara: se produce más en menos tiempo. Más documentación, más código, más pruebas… más, más, más… pero ¿también más eficiencia?

Ahí está el problema, no sabemos si de verdad somos más eficientes porque no tenemos respuesta a la pregunta clave, si ese aumento de producción de código está generando más valor o solo más complejidad.

Si la realidad es que esta tecnología mejora la productividad, y en muchos casos ya lo hace, tenemos que ser capaces de demostrarlo. Y si no podemos hacerlo, estaremos confundiendo sensación de avance con mejora real.

Y aquí nos encontramos con un nuevo problema que crece cuantas más herramientas de IA se integran en el ciclo de desarrollo.

Medir es cada vez más difícil

De hecho, algunos estudios recientes apuntan precisamente en esa dirección.

Un informe de METR (2026) concluye que la adopción masiva de herramientas de IA está dificultando la propia medición de la productividad en desarrollo de software. Los investigadores observaron que muchos desarrolladores ya no quieren trabajar sin IA, incluso en entornos experimentales, y que tienden a seleccionar qué tareas realizan cuando su uso está restringido.

La consecuencia es significativa: cada vez resulta más complicado aislar el impacto real de la IA y distinguir entre productividad efectiva, percepción de productividad o simplemente cambios en la forma de trabajar.

Más allá de las cifras concretas, lo que queda claro es que la IA está transformando el desarrollo de software tan rápido que las organizaciones todavía están aprendiendo cómo medir adecuadamente sus efectos.

Los datos con contexto marcan la diferencia

Tener métricas no garantiza visibilidad, ni tener cualquier dashboard garantiza comprensión, ni, por supuesto, desarrollar más software implica sí o sí que estemos generando más valor.

Y según aumenta la complejidad tecnológica y la IA transforma la forma de trabajar, las organizaciones necesitan mucho más que datos aislados: necesitan contexto para interpretarlos y referencias que les permitan entender qué significan realmente.

Y ese es uno de los valores diferenciales de Quanter. Gracias a la combinación de métricas estandarizadas, inteligencia artificial, información histórica de la propia organización y acceso a una de las mayores bases de datos de proyectos software del mercado, permite analizar la evolución de equipos, proveedores y proyectos de forma objetiva y comparable.

Y esa capacidad aporta una visibilidad que muchas veces no resulta evidente a simple vista. De hecho, en algunos clientes hemos observado durante estos dos últimos años incrementos significativos de productividad en el desarrollo de software en proveedores que ni siquiera habían comunicado formalmente la incorporación de herramientas de inteligencia artificial a sus procesos. Algo que, sin una referencia histórica y sin datos comparables, no hubiéramos podido identificar.

Medir no sirve de nada si solo nos centramos en obtener indicadores. Si queremos comprender el impacto real de la IA, necesitamos medir y analizar la productividad en el desarrollo de software de forma objetiva y comparable. Tiene que ayudar a entender qué está ocurriendo y por qué, para saber qué decisiones tomar a partir de esa información. Cuando es así, el desarrollo de software deja de ser una caja negra y se convierte en un proceso más transparente, gobernable y alineado con los objetivos del negocio.

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